lunes, 1 de agosto de 2011

La historia de la carta de Messi (recuerdos de un mediocre)


Un mes atrás, la copa América comenzaba, y el fútbol con esa histeria que nos alcanza una y otra vez nos llenaba de polémica. Esta vez el pato de la boda fue Messi que luego de un empate, recibió los primeros silbidos de su historia. Claro, en su tierra.
La polémica nació, fecunda para todos los periodistas, terapéutica para todos los argentinos, curiosa para el resto del mundo, y Onlinebaires tocó el tema, en forma de carta literaria que aludía a una Argentina que no hace las cosas bien, y trata de salvar las papas con algún genio individual. Y si las cosas, como suele suceder, no salen bien, entonces ya tiene su chivo expiatorio.
Hay que reconocer que la carta no era nada del otro mundo, pero la vida, y las letras, siempre dan sorpresas. La redacción en pleno de Onlinebaires asistió sorprendida al crecimiento progresivo e incesante de lectores. La carta fue repicando, como tantas cosas buenas y malas, por Internet. Primero en un sitio, luego en otro. Se tradujo al inglés, húngaro, al hebreo… Se trasladó a más de cien sitios.
Por último pasó lo impensable: el sitio oficial de Messi negó que el astro fuera el autor de la carta. ¿Qué había sucedido? Lo que había surgido como un artículo, con el correr de los repiques informáticos había perdido el autor, y la carta pasaba por ser un mensaje de Messi.
Es cierto, la carta se prestaba de algún modo, a la confusión. Pero, a poco que se la veía, se notaba que era una carta literaria. Llevaba otra firma.
Con la desmentida del sitio de Messi, la carta prosiguió su periplo, y recaló en Yahoo Argentina, que sin mirar las fuentes, la sindicó de “carta falsa”. ¿Para qué seguir con la historia y recordar que, gracias a muchos reclamos de amigos, Onlinebaires terminó de portada de Yahoo?
Es cierto, muchos lectores creyeron que era de Mess.
Pero la mayoría insistía en que no importaba el autor sino que servía para reflexionar. ¿Sobre qué?
Sobre una sociedad de mediocres, me duele escribir esto a mí el primero de los mediocres, que mira con envidia a quienes son distintos y son mejores. A quienes sólo se dedican a lo que saben.
Un deportista, un científico, un escritor, un pensador, tienen una cosa en común: todos ellos se levantan muy, muy temprano, para hacer lo que saben. Uno entrena, uno experimenta, uno escribe, uno investiga. Hacen lo que saben que tienen que hacer, con independencia de lo que los demás piensan.
Messi juega. Los demás hablan. Nadie organiza. Todos sufrimos. De eso se trataba.
Pero claro, nadie imaginaba el número de lectores. Uno, dos, cuatro millones. ¿Quién sabe cuántos leerán la carta?
Me queda la reflexión de que nada de lo que escriba será leído por tantas personas. Ningún tema que toque, ningún libro, rozará esos números. Me consuela pensar que quizás haya rozado una herida nacional. 

La historia de la carta de Messi OnlineBaires.com

lunes, 11 de julio de 2011

¿Qué significa el triunfo de Macri?



Varias son las lecturas que pueden hacerse del triunfo de Mauricio Macri en su carrera para conservar la jefatura de Gobierno.
Por un lado destaquemos que Macri se ha movido con un caudal de votos que se diferencia poco de la última elección. Apenas ha sumado unos puntos. Esto significaría, de hecho, que a esta altura de los acontecimientos cuenta con una fuerza propia en el ámbito de la ciudad de Buenos Aires. Estas circunstancias representan un resultado positivo, teniendo en cuenta que ha mantenido los votos luego de una gestión que se ha enfrentado con una oposición rabiosa. Sin embargo supone el peligro de dejarlo con un caudal propio, pero demasiado rígido de cara al próximo ballotage.
Macri debe tener en cuenta que una cosa es la gestión, y los votos que con ella ha cosechado, y otra cosa es el arreglo político posterior, sobre todo si tenemos en cuenta que la oposición se podría juntar bajo la acogedora ala del gobierno nacional.
Sin perjuicio de ello, la oposición, liderada a estos efectos por la fuerzas de Pino Solanas Tellerman y Lopez Murphy, deberá tener en cuenta las repercusiones, a nivel nacional de una posible alianza con las fuerzas del “Frente para la Victoria”.
Por otra parte el gobierno nacional sigue mostrando un autismo notorio. Aníbal Fernandez, desde su notorio twitter, diciendo que “no han podido parar el aluvión de votos”, representa un evidente intento de negar lo innegable. ¿Creerá acaso que negando la pared, la pared desaparecerá?
Es cierto, han hecho la mejor elección de la historia…,¿pero es con fuerza propia? ¿Alcanza eso?
Y aún más. Si las actuales tendencias se confirman… ¿le conviene al gobierno nacional arriesgarse a perder una nueva elección, sobre todo teniendo en cuenta el raid eleccionario que se avecina? ¿Se presentará Filmus al ballotage?
Nos quedan, en definitiva, varios interrogantes, y una sola certeza:
¿Tomará debida nota, dentro de sus mismas fuerzas, que el representante de la Cámpora, Cavandié tuvo que lidiar con la triste figura del destituido jefe de Gobierno, Aníbal Ibarra?
¿Reconocerán las encuestadoras oficialistas que no se puede condicionar al electorado con la difusión de encuestas tendenciosas?
Son muchos interrogantes.
¿La certeza?
En definitiva, la ciudad de Buenos Aires ha demostrado, una vez más, que no quiere, ni a los “K”, ni al Partido Justicialista.
¿Acusarán recibo?

Carta de Messi

Escribo esta carta, con los oídos todavía llenos de los silbidos, que recibiera el día del empate con Colombia, y pienso que no me queda más remedio que dirigir esta carta abierta a la población argentina.

Se supone que soy el mejor del mundo. ¿Quién lo supone? No lo tengo claro. ¿Qué significa ser el mejor del mundo? Tampoco lo sé.

Sólo sé que soy un jugador de fútbol al que le ha ido bien. También conozco, y recuerdo mi historia.

De muy chico comencé a jugar al fútbol. No tuve más infancia que la del esfuerzo y el sacrificio para llegar hasta dónde yo sabía que quería llegar. En el medio sucedió lo impensado: mi físico no se desarrollaba de modo tal que pudiera jugar como profesional. La única solución era un tratamiento muy costoso, fuera del alcance de mi familia. Busqué apoyos en la Argentina, mi país, pero no los encontré. Con mis padres golpeamos puertas en vano. Nadie quería arriesgar en un pequeño niño. Incluso River me cerró sus puertas, pensando que no valía la pena.

En ese momento un club extranjero se interesó por mí. Puso tiempo, dinero, médicos. Contuvo a mi familia para que estuvieran cerca de mí. Sin apurar los tiempos me formaron, y por último comencé a jugar. Con organización y trabajo no saltearon ninguna etapa. Ese club era el Barcelona.

Recién allí en la Argentina advirtieron que se perdían la posibilidad de un jugador, y ni lerdos ni perezosos se apuraron a concertar un partido especial de la selección argentina juvenil para evitar que yo jugara para España. Bien por Argentina.

Ahora, cada vez que juego para mi país, y conste que por ejemplo en esta Copa América he donado todo lo que cobre a obras de beneficencia, toda la responsabilidad cae sobre mí. ¿Olvidan que el fútbol es un juego de equipo? ¿Creen que las cosas pasan por arte de magia? ¿No entienden que el fútbol, como todos los deportes, es una cuestión de ganar unos pocos segundos al contrario? Hoy ya no se puede improvisar…

Quieren que Argentina juegue como un equipo local, pero no quieren el trabajo y la organización del club. Quieren que pasen cosas iguales, haciendo cosas distintas.

Sin trabajo y organización no hay modo de llegar al éxito. Ni en el fútbol, ni en ningún aspecto de la vida. A los argentinos parece no importarles nada, comerse una y otra vez a sus ídolos. No les importó endiosar una y otra vez a Maradona, con el objetivo de poder revolcarlo a continuación. ¿Y ahora siguen conmigo?

Me duele decirlo: amo a la Argentina, pero estoy cansado de los argentinos. Estoy cansado de dar explicaciones porque haya quien crea que soy el mejor del mundo. Estoy cansado de que me comparen con Maradona, o con cualquier otro. Me endiosan y después pretenden que me haga cargo de ello. Estoy cansado de que le falten el respeto a mis colegas cuando me comparan con ellos. Estoy cansado de que no entiendan que soy uno más, que cada día se levanta pretendiendo hacer bien las cosas.

Si los argentinos se dieran cuenta de que, más que exigirme milagros a mí, debieran exigir trabajo y organización a sus dirigentes, empezando por los del fútbol, las cosas podrían mejorar. Si no, no importa. Pero a mí y a mi familia déjennos tranquilos.


lunes, 27 de junio de 2011

¿Para qué nos sirve lo de River?

Varias son las hojas que se desprenden del árbol de la semana. Como buenos jardineros deberemos mirarlas un poco, antes de barrerlas y tirarlas en el tacho del olvido.
Por un lado venimos de una serie de escándalos. La vergüenza del Inadi, convertido en un caldo de cultivo de la discriminación y el escándalo (ver si no la premonitoria nota que publicáramos en OnlineBaires “¿Es cierto que el INADI discrimina?”), las madres de plaza de Mayo y el negociado de los Schoklender (en el cual siguen apareciendo propiedades y testigos), las listas compulsivas, Boudou y Mariotto mediante (¿el oficialismo ha olvidado que el catorce de agosto hay internas?), la represión inusitada a los maestros del sur (cabe preguntarnos ¿por qué a ello sí y a los otros no?), repito, en medio de tantos escándalos, el descenso de River parece superar todo lo previsible.
Mientras los diarios del mundo se hacen eco del desastre, se me ocurre que la pregunta cae por su peso: ¿qué pasó?
Y la respuesta es obvia. Pasó lo que tenía que pasar. Lo que siempre pasa. En la Argentina se sabe casi todo. Se sabía lo de los Schoklender, pero todos miraban hacia otro lado. Hasta que todo explotó. Se sabía lo del Inadi, pero sólo reaccionamos cuando los dos directores, al borde del ridículo se trenzaron a las trompadas. Sabíamos que River era un nido de mafiosos, un reducto de barrabravas, un centro de compra y venta de esclavos/jugadores, donde se compraba caro lo barato para luego venderlo aún más barato, un bolillero de referís, y un canto a la indolencia futbolística. Pero sólo nos asombramos cuando lo imposible ocurre. Como siempre, tarde.
¿No podremos reaccionar antes?
Ahora sabemos que el oficialismo pasa por encima de cualquier institucionalidad, de cara a las elecciones ¿no será tiempo de reaccionar, y mandar un mensaje en defensa del sentido común?
¿O deberemos esperar que el país vuelva a descender?



jueves, 16 de junio de 2011

Dos tumbas


En el fárrago electoral que nos rodea, no hay que ser muy lúcidos para comprender que hoy por hoy sólo hay dos candidatos posibles a ganar las elecciones presidenciales: Cristina y Ricardito. Si tenemos en cuenta el pasado reciente, este dato debería sorprendernos un poco. ¿Qué tienen en común ambos presidenciables? Dos tumbas. ¿Dos tumbas?
Dos tumbas dirigen nuestros pasos hacia unas elecciones felices, porque dos muertes nos guían en la vida política actual.
Y si. Los argentinos tenemos una pasión necrofílica (y conste que ni me acuerdo de las manos de Perón), que va más allá de todos los gustos. ¿No me cree? Pensemos juntos un momento.
Vamos a la primera tumba, la que funda al radicalismo actual.
Murió Alfonsín, un viejo líder, llamado a ser segundo en la elección del 83 y consagrado a último momento por la elección inoportuna del cajón de Herminio Iglesias. Bien por Raúl Ricardo que aprovechó la circunstancia, pero su gestión terminó de un modo tumultuoso superado por una serie de planes económicos complicados. No culminó su mandato, pero logró mantenerse como una figura de peso.
Lo que no imaginó es que su muerte salvaría a su partido de un estado de indecisión masiva, porque a partir de su funeral surgió, casi a modo de añoranza, la figura del joven Ricardo, convertido de repente (sin mayor experiencia en la vida política, ni menos aún en la gestión pública) en la tabla salvadora. Sólo basta en este caso con un cierto parecido con su padre.
No es que faltaran figuras en el radicalismo. Tenían a Sanz, un legislador serio y de peso, o tenían a Cobos, sindicado como traidor por ser fiel a sus convicciones.
Pero los radicales son consecuentes. Ricardito trae consigo aquello que sus camaradas más valoran: La nostalgia de viejas luchas, las convicciones .difusas y masivas, y la certeza de que el viejo aparato hará el resto.
Por el otro lado teníamos a una presidenta confusa y aturdida. El conflicto con el campo, la sombra de un marido intransigente, el Indec que todos los días insiste en que la realidad pueda ser distorsionada, los vericuetos inexplicables del Inadi, todo eso hacía un cóctel confuso y complicado. Pero ahora, muerto su esposo, su figura se recuperó casi de un modo milagroso. Ya no hay complicaciones con el campo, las cifras del Indec se han enderezado casi de un modo milagroso, el Inadi pasa desapercibido, y Moyano permanece distante y controlado. Tiene un camino, despejado y seguro hacia la victoria.
Y es que a lo argentinos, tan sensibles con los héroes que se han ido (Gardel, Monzón, Olmedo), nada nos gusta tanto como conmemorar los signos que rodean la muerte. Aunque eso signifique construir una elección sobre dos tumbas.

martes, 22 de marzo de 2011

Las letras a la aventura

Existen dos tipos de escritores:

Aquellos que, a través de sus libros nos acompañan de vez en cuando, que nos arrancan una lágrima o mueven una emoción. Que nos enseñan, nos entretienen, nos muestran, nos sugieren. Que forman parte de nuestra cotidianeidad, nos consuelan rumbo a la oficina, nos acompañan en el almuerzo, nos despiden antes de ir a dormir. Son buenos amigos.

Pero existen otros escritores a quienes hemos leído en su totalidad. Perdón. Corrijo el tiempo verbal: leí en su totalidad. O casi.

Esos forman, en algún momento, parte del primer grupo, pero luego se vuelven, parte de nuestra vida. Entendámonos, los otros también forman parte de nuestra vida. Pero éstos se vuelven parte de nosotros mismos. Al leerlos somos ellos.

Y como son parte de nuestra vida, nos volvemos exigentes con ellos. Les exigimos siempre más. Y más.

Porque, carajo, son parte de nosotros mismos. ¿Qué es esto que ha sacado ahora? Mmmmm. No se ha esforzado tanto como la última vez. ¿Y esto? ¿No se irá a volver demasiado sentimental? Y ¿por qué cornos tenía que hablar de este tema?

A esta última parte pertenece en mi vida, mi amigo (a quien no he visto en mi vida, y que no sabe que existo) Arturo Perez Reverte.

Lo descubrí por casualidad con “El maestro de esgrima”. A continuación aparecieron en mi vida “La tabla de Flandes”, y luego la zaga del capitán Alatriste. Guau. Impresionante. Un tipo que escribe dando sablazos. Con fuerza en el brazo y frío en el corazón. Con una tristeza de fondo y una alegría por saberse vivo. ¡Vamos!

Para colmo de emociones escuché que no se qué gran la academia de letras no quería hacerlo miembro, y que cuando finalmente lo nombraron dijo en su primer discurso, la gran frase: “Una banda de gilipollas ha secuestrado la literatura”. En una vida ausente de ídolos había nacido “el” ídolo.

Los primeros tiempos fueron de emociones y alegrías. Los pocos pesos que tenía se iban en conseguir sus libros, y mis recomendaciones giraban siempre en torno de mi nuevo amigo.

Con el tiempo, las costuras (¿por qué miro las costuras?) se fueron haciendo más visibles. No tanto por él, que seguro escribe mejor, sino por mí, que me vuelvo más fastidioso. Así, los discursos interiores ya me cansan un poco, y las añoranzas por ver a alguien pegar espadazos contra el destino vuelven una y otra vez. Esta tarde, en la que veo desde la ventana el Río de la Plata, mientras espero que se haga la hora de dar clases, sueño que me voy en un barco a recorrer mares y a vivir aventuras. De esas que a uno lo hacen amar a la rutina.

Porque, pese a quien le pese, siempre termino por añorar esa etapa en la que pasaba la tarde, tirado en mi cuarto, leyendo a Salgari. Y qué quiere que le diga: Perez Reverte es lo más parecido que encuentro a Emilio Salgari.



lunes, 8 de noviembre de 2010

La juventud en carta

Carta publicada en un diario que me sorprende por su crudeza.
“¿Dónde está la juventud que ocupará en días próximos los comandos superiores? Se pasea en torno la mirada y no se ve una sola frente que sobresalga. Niveladas todas las cabezas, parecen un inmenso rebaño de seres inofensivos; sin anhelos, sin pasiones, sin amores y sin odios, sin esperanzas ni aspiraciones. Si por acaso hay aspiraciones y deseos, no se traducen en esfuerzos ni en luchas, pues, seducidos por la molicie y las facilidades de la vida, ha renunciado a la victoria, renunciando al combate…”
A esa carta se le contestó con esta carta en el mismo diario:
“La juventud de hoy no es menos activa, ni menos inteligente, ni menos emprendedora que hace cincuenta años. No se forma tras los mostradores de las tiendas como entonces, pero sabe pedir al trabajo sus fuerzas y a los libros sus enseñanzas. ¿Cuáles son las causas de los cargos que se le formulan? Una sola: la enseñanza que las generaciones que se inician han recibido de la escuela de la experiencia. Muchos de los que hoy lanzan contra la juventud sus dardos mas agudos, olvidan que han sido sus maestros y que las faltas que se les imputan son debidas, en primer término a ellos mismos… No tiene ideales; es cierto, no puede tenerlos, porque ha nacido y se ha desarrollado en una atmósfera viciada… Si la juventud de hoy se hubiera desenvuelto en otro medio, latirían en ella impulsos tan grandes y tan generosos como los que han llenado las mejores épocas del pasado. Si algún reproche hay que hacerle, no es a ella, sino a los que han sido sus maestros… Desde los bancos de la escuela, cuando han empezado a penetrar confusamente todavía los factores de la vida nacional, han visto por todas partes las codicias culpables y las rapacidades insaciables no sólo toleradas, sino fomentadas, aparadas, recompensadas con el lauro de la victoria…”
Agrega por último:
“Por eso la juventud de hoy se retrae en muda protesta, resignada a tolerar en silencio lo que no está en su mano evitar. Se le reprocha que no toma parte en las luchas del civismo. ¡Cruel ironía! El cargo tiene que convertirse en aplauso, porque si los jóvenes no pueden impedir que la democracia sea una farsa, no deben entrar en ésta con la complicidad de su intervención.”
Las cosas están complicadas porque no tengo claro de qué lado estoy. Por un lado veo el problema que plantea la primera carta. La juventud se retrae hasta puntos insospechados.
Por otra parte es cierto que la culpa es de la generación que formó a esta juventud. Con tanta corrupción no dan ganas de intervenir en política.
Me desespero al no saber de qué lado estoy. Vuelvo a mirar las cartas. La primera está firmada por Carlos Pellegrini. La respuesta es de José Luis Muratore. Ambas se publicaron en el diario “El País”.
Hace más de un siglo.